Seguimos con las altas temperaturas

Bueno, seamos sensatos, por mucho que andemos sofocados, mal dormidos, sudando todo el día y agobiados por la temperatura ambiental, hemos de reconocerlo: lo más normal en verano, para colmo en plena canícula, es que haga calor. De hecho, esta vez ni siquiera se ha considerado que sea un fenómeno de ola de calor ya que, aunque tenemos altas temperaturas en todo el país, son sólo ligeramente más altas que las que corresponden a este período del año, nada fuera de lo normal en realidad.

De todas formas, a mí lo que me sorprende de estos episodios de temperaturas altas es que, aunque se repiten cada año inequívocamente, todavía saca el peor lado de la gente, como si no estuvieran acostumbrados a sufrirlos. Bueno, quien dice el peor, también podría decir el mejor, depende del lado del que se mire. Por ejemplo, me gustaría hablar de mis vecinas de al lado, un par de jubiladas que, pensaba yo, eran unas ancianas tranquilas y reservadas… vamos, como cualquier mujer de su edad. Sin embargo, estas viejas guarras me han asombrado de verdad en las últimas 48 horas, cuando, a altar horas de la madrugada y cuando el calor era muy intenso para ser de noche, se han ido a la terraza y se han puesto a dormir desnudas a la intemperie, sin pudores de ninguna clase.

Esto me ha llevado a pensar si, realmente, estamos tan equivocados con nuestras abuelas y la concepción que tenemos sobre ellas. Por ejemplo, ¿se os ocurre pensar en el sexo en la tercera edad? La verdad, ya no podemos asombrarnos de nada porque el porno online nos tiene bien surtido de imágenes de señoras mayores practicando sexo desaforadamente, pero me refiero a haberlo visto en vivo y en directo. A mí no me ha pasado nunca, y la verdad, imaginar a cualquier madura conocida en esa situación pues no es que me apetezca mucho, pero… seamos sinceros, no me puedo imaginar dentro de unos años practicando el celibato sólo porque ya tengo una edad (no diré cuántos, que no queda bien).

Mis amigas las viejas vecinas no me dedicaron una escena picante ni nada de eso, más allá de dejarme ver sus cuerpos desnudos, que tampoco se veían tan bien en la mitad de la noche. Si me hubiera encontrado con una escena lésbica, entonces sí que habría alucinado en colores, pero tampoco fue el caso. Y por lo que sé, tampoco se han traído ningún hombre a casa; digo, hombre en plan amante, no cuenta el fontanero, ni el lechero ni el hombre del gas… Puede que quizá haya sido discretas, o que lo hagan a horas intempestivas a las que nadie se le ocurra que esa entrada de maromos tenga que ver con ningún tema sexual, no lo sé.

Pero puedo decir que esta fiebre de comportamientos extraños gracias al calor no es sólo propio de las mujeres, ni tampoco de las maduras. De hecho, este fin de semana estuve un día en la playa, y de repente, todas las chicas tuvieron un deseo en conjunto y apremiante de hacer topless. Es extraño porque, en semanas anteriores, no había notado una especial predilección por hacer esto. ¿Y los tíos? De repente, hasta los más tímidos, que incluso se bañan con camiseta porque quizá no gozan de cuerpos apolíneos, les dio por andar a pecho descubierto, y con esos bañadores de natación que cubren solamente lo más necesario. ¿Podríamos hablar entonces de una especie de «psicosis del calor«? No lo sé, pero voy a estar atento por si acaso, quizá siga descubriendo otras cosas igual de interesantes.

Vamos a la playa, calienta el sol…

Sea natural o no la ola de calor que pasamos la semana pasada, y también la extraña bajada de temperaturas que ahora tenemos en algunas zonas que por lo general son bastante cálidas en verano, lo que está claro es que estamos a las puertas de la canícula; esto es, la temporada más calurosa del año, que claramente se da en el estío, y que coincide cómo no con el período vacacional. Y los humanos, animales de costumbres en todo su esplendor, no puede hacer otra cosa que la que hace todos los años. ¿Y qué es esto? Ponerse bajo el sol junto a una fuente de agua, porque así ha sido de generación en generación.

A estas alturas, no nos importa demasiado ni el cambio climático ni esta vaivén de temperaturas que nos puede volver un poco locos. ¿Por qué? Porque es verano, simple y llanamente por eso. Y por eso mismo, toca irse a la playa o la piscina con nuestros trajes de baño y tomar el sol, e incluso meternos en el agua, esté fría o no, poco nos importa (son de alabar algunos valientes que verdaderamente se toman esto muy en serio). Y junto a eso, ya sabes, todo un tropel de otras tradiciones: la sombrilla, la tortilla de patatas, el tinto de verano y la crema hidratante puesta a mansalva y en los lugares más insospechados, porque sí, el sol también quema los pies y el filo de las orejas…

Para muchos esta es la mejor parte del verano, sobre todo desde que se inventó algo que hace apenas un siglo ni siquiera pensábamos que podría existir. ¿No adivinas lo que es? Bueno, la historia del topless está llena de muchos incrédulos que pensaron que aquellas mujeres que se dedicaban a enseñar los senos en traje de baño serían quemadas en la hoguera, más o menos como las brujas en la época de la Inquisición; pero, por suerte, la historia demostró que por mucho puritano que anduviera por ahí, un par de tetas al aire siempre sería motivo de alegría para el que mira, y que acabaría ganando a todos los reprimidos que lo llamaban escandaloso pero que acababan disfrutándolo, aunque fuera de reojo.

Pues sí, el topless en estos momento es una cosa normal y corriente, otra rutina más dentro de las costumbres que tenemos a la hora de disfrutar del verano. No negaré que yo también me siento fascinado en ocasiones viendo pechos desnudos, porque las tetas gordas son mi debilidad, lo reconozco; aunque nunca he sido uno de esos babosos que miran por mirar y hasta acaban pajeándose en secreto, o no tanto, gracias a ellas. Separo muy bien mis momentos de ocio y sexo íntimo con lo que puedo llegar a ver en una playa pública, pero vamos, que si veo a una mujer con unos buenos pechos desnudos, me llama la atención y disfruto mirando. Si eso me hace un voyeur o no no lo tengo claro, sólo sé que miro lo que me gusta y lo disfruto, de igual forma que estas señoras o señoritas, maduras o jovencitas, dejan sus tetas al aire porque así les apetece.

Algunos piensan que el topless es escandaloso, que no debería hacerse en playas y piscinas públicas sino en las naturistas, y que debería permitirse a las tias buenas solamente (nada de viejas ni gordas enseñando los melones, por favor). A mí me gusta dejar a la gente a su libre albedrío, y ya que tanto ha costado ese pequeño rasgo de libertad y que ya hemos superado en gran parte su instauración, no veo razón para que nos resulte extraño. Además, ¿qué misterio tienen hoy en día un par de pechos sin tapar? El cine, la televisión, la publicidad… sea machismo o no, todos tiran del cuerpo de la mujer, sobre todo si es hermoso, para sacar la mayor tajada e inclinarnos hacia sus productos. Y a mí, que me encantan las mujeres, y más las mujeres guapas por supuesto, me parece bien siempre y cuando ellas estén de acuerdo… sea verano, invierno o entretiempo.

Ola de calor, ¿normalidad o signo de advertencia?

Estamos a la espera de que la primera ola de calor del verano nos alcance en unas 24 horas, tras varios días de advertencia por parte de los meteorólogos. Los avances técnicos permiten hacer predicciones a largo y a corto plazo con márgenes de error realmente ínfimos, algo que no siempre es una suerte, pues a veces son como una mala crónica anunciada, si sabes a lo que me refiero.

Pero aunque acertamos con las predicciones en el 99,9 por ciento de los casos, lo que no acabamos de acertar son sus consecuencias, y mucho menos detenerlas ni paliarlas. Las olas de calor son normales en verano, claro está, pero desde que el cambio climático se convirtió en una realidad aceptada y probada, y dejó de pensarse que eran los malos augurios de unos tantos, se ha comprobado dos cosas: que cada vez son más intensas, y cada vez menos predecibles. No hay manera de saber si no será inesperada en un momento de estación que no le toca, ni si logrará superar algún máximo, con el consiguiente peligro que eso puede tener.

Pero no sólo pasa con las olas de calor, sino también con otros fenómenos meteorológicos; y sus efectos, la mayoría de las veces impredecibles, pueden ser catastróficos:

  • Las olas de calor más frecuentes y largas aumentan el número de enfermedades y muertes relacionadas con el calor. Como las ciudades retienen el calor, son especialmente vulnerables.
  • Se espera que el clima extremo aumente. Las tormentas tropicales ocurrirán con más frecuencia y serán más severas.
  • A lo largo del siglo pasado, los glaciares han estado retrocediendo o desapareciendo por completo.
  • La temporada de alergias es cada vez más larga. Esto tiene un efecto adverso sobre la salud respiratoria.
  • Las temperaturas más altas están aumentando la propagación de enfermedades transmitidas por los alimentos, como la salmonela.
  • Las sequías están afectando la producción de cultivos en todo el mundo. Los rendimientos mundiales de trigo y maíz ya están disminuyendo.
  • Debido a la fusión de las capas de hielo, los osos polares no pueden cazar para comer (requieren hielo para cazar presas). 
  • Si las predicciones de temperatura son correctas, para fines del siglo XXI, hasta el 30% de las especies de plantas y animales estudiadas por el IPCC (Panel Internacional sobre el Cambio Climático) se extinguirán.
  • El cambio climático probablemente polarizará a la sociedad en aquellos que son capaces de hacer frente (naciones más ricas) y aquellos que no (naciones más pobres).